El Pozole de Moctezuma
Antonio es un cuate (que para el mexicano cuate es más que amigo), tiene más de 10 años que lo conozco, casi no nos vemos, pero en cada encuentro nos relacionamos más. A él le gusta sorprenderme, tanto con sus historias como con sus revelaciones. —Te voy a llevar un buen pozole que está por tu casa —Prometió Antonio—. Para los que no me conocen, el pozole está en mi top cinco de platillos favoritos.
Nos reunimos Antonio, María, Mirsa y yo, caminos, cruzamos Garibaldi y llegamos.
—Aquí es. No vimos nada, ni un letrero que lo anunciara y ninguna puerta que nos diera entrada; sólo al acercarnos apenas se distinguía una tira al lado de un timbre del número no sé qué. En la tira dice POZOLE. Así que tocamos el timbre en el número pozole, nos abrieron a distancia y entramos.
Caminar por el pasillo me recordó a grupohorma, un espacio que no es obvio, pero cuando lo descubres te atrapa. Cruzamos la segunda puerta y ahí estaba, un departamento cualquiera adaptado como pote sorprende lo bien armado que está el negocio.
Mi pozole favorito es el rojo, y como muchos hombres mexicanos, considero que el mejor es el de mi madre. Aquí es estilo Guerrero, lo que en principio elimina el rojo; lunes, miércoles y viernes es blanco, martes y jueves es verde. —Verde. Quiero probarlo, nunca lo he comido. Me gustó, y mucho. No así el blanco que me pareció sin chiste, insípido, diría mi madre.
El precio es accesible, funciona bajo el sistema platillo principal a bajo precio y adicionales (crema, tostadas, aguacate, chicharrón) con costo extra; así como funcionan las aerolíneas baratas. El servicio no es extraordinario, el sazón es bueno (no como el mi madre, por supuesto), los precios son justos, la cerveza no es tan fría… entonces, ¿por qué es necesario reservar para poder comer?, bueno, puedes llegar a comer sin reservación, pero habrá que tener paciencia para obtener una mesa. En lo personal la experiencia fue diferente, y es de esa cosas que te suceden y quieres compartir, por otro lado, están ubicados en un punto que mucho oficinista puede asistir y que es un buen pretexto para compartir con los amigos de comida abundante, rica y una buena michelada.
Esa tarde en El Pozole de Moctezuma nos sorprendimos, comimos rico, bebimos cerveza, conversamos y reímos; esa es la comida… compartir. Nos prometimos regresar, y yo prometo llevar a otro cuate, cuata o cuates a comer pozole verde.
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¿Qué podemos aprender o diseñadores de esto?
- Visualizar lo que hacemos como un negocio. Esto implica crecimiento.
- La importancia de tener procesos de trabajo. Coordinación.
- La ubicación de nuestro negocio es lo de menos (con sus mínimos, claro está), lo importante es la experiencia que ofrecemos.
-Cuando un producto o servicio es bueno el cliente te va a buscar a donde estés.
-Hay que construir un prestigio, sino es con premios sí con trabajo.
Iván W.







